El Milagro de la Fuente

Liria allá por el año 1410 era una villa real cercana a la ciudad de Valencia que contaba sobre unas trescientas casas con dos mil habitantes.

En este año una pertinaz sequía asolaba la ciudad y las fuentes disminuyeron hasta el extremo de tenerse que tasar el agua para el consumo y dejando sin cultivo las tierras hasta el extremo de preocupar el movimiento emigratorio que se estaba produciendo. Así las cosas una comisión de vecino con las autoridades civiles fueron en busca de San Vicente Ferrer, que se encontraba entonces por el sur de la provincia de Valencia y el Norte de Alicante. Le expusieron su problema y el día 26 de Agosto el Santo se presentó en Liria. En principio les dio palabras de consuelo y les prometió el remedio para conseguirlo de Dios Nuestro Señor. Dispuso un ayuno de tres días y seguidamente el día 30 de Agosto de 1410 organizó una procesión solemne de rogativa al lugar donde está situado el manantial. Llegados allí, el Apostol de la Paz, recorrió el exhausto manantial visurando la pobreza de sus linfas otrora tan abundantes y frente al "Ull Redó" y al pie del olivo que perpetúa su nombre y resguardado por su sombra, con aquella su palabra fácil y verbo cálido, les exhortó a la oración y penitencia. Tras ello el mestre Vicent rogó a Dios con las siguientes palabras en su lengua vernàcula: "Si moguda ta conciència/ este prec meu algo val/ per la teua omnipotència/ fes que moga el manal/ Mostrant ton perdó suau,/ fes que l´aigua ixca i que en tota Llíria revixca/ ton voler i Santa Pau/ Creixerà i minvarà/ però per a beure/ mai en faltarà/.

Estas mismas palabras en castellano vendrían a decir: Si movida tu conciencia/ este ruego mío algo vale/ por tu omnipotencia/ haza que se mueva el manatial/ Mostrando tu suave perdón/ haz que el agua salgay que en toda Llíria reviva/tu querer y tu Santa Paz/ Crecerá y disminuirá/

pero para beber/ nunca faltará. San Vicente lo bendijo y en el mismo instante se vio crecer el agua abundante. Cosa que así ha sucedido hasta le fecha, abasteciendo de agua a la población y regando sus huertas aun a pesar de las tremendas sequías que de vez en cuando volvían a asolar la ciudad.

Es pues el único milagro de San Vicente que todavía y a fechas de hoy ,  todavía permanece vivo, de los más  de 840 milagros reconocidos por la Iglesia para su canonizació